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El muchacho y el dragón (1) abril 16, 2006

Posted by pegasussudaka in épicos, Cuentos.
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Cuando se levantaba de su barca… Entonces sucedió. Un gran dragón rubí, carmesí como el fuego más intenso, llegó volando desde el volcán. Asombrado, alzó sus ojos en un embeleso infinito al observar a la sagrada bestia volando majestuosa entre las nubes. Alzó sus manos instintivamente intentando tocarlo, a pesar de la altura inmensa de la divinidad alada. Qué espectáculo maravilloso que nadie jamás ha visto, sino sus ojos juveniles y aventureros. No tenía miedo simplemente lo invadía el gozo del descubrimiento. Y no pensó en nada más. Pero el dragón lo vio, observó al pequeño joven de cabellera negra, y de cobriza piel en la orilla de su isla. Un humano después de tanto tiempo, que ya casi no recordaba como eran. Sería divertido bajar e impresionarlo o asustarlo, le daba lo mismo; sólo estaba aburrido y quería hacer algo para divertirse. El muchacho era esa diversión.

De su vuelo, con sus poderosas alas paró en medio del cielo y bajó tal meteorito incandescente al suelo centellante de aquella recóndita playa; y ante los ojos incrédulos del muchacho de cabellera negra, se posó orgulloso. Abierto las alas, henchido el pecho, con los ojos fulgurantes; escupió fuego hacia el cielo con un ruido que retumbó como la erupción de un volcán. El corazón del muchacho se aceleró como nunca en su corta vida, sintió una corriente por todo su ser, que tensó su joven cuerpo a un grado anormal. Pero no tenía miedo, era emoción pura y excitante. El dragón volvió a escupir su fuego, esta vez girando un poco su monstruosa cabeza y haciendo un ruido aún mayor. Y esperó que el humano corriera gritando por su vida; lo humanos eran cobardes si recordaba bien. Pero el muchacho no corrió, lo observaba con ojos extraños, lo observaba con ojos de dragón.

El muchacho y la bestia se miraron al fin directamente a los ojos; sus almas estaban descubiertas para el otro a pesar de las vestiduras carnales o bestiales; existía alguna conexión, había algún vínculo inexplicable. El muchacho de cabellera negra al ver el alma del gran dragón rubí, no dudó, él era su padre. Cuánto había viajado, cuánto había buscado y hoy todo tenía sentido, viendo en esos ojos de impresionante incandescencia su misma sustancia vital, su misma alma reflejada. El dragón asustado, vio en el alma del humano, un alma de dragón; era imposible, realmente inconcebible. Los humanos no pueden tener el alma de un dios.

Continuaron frente a frente, el dragón con sus alas todavía abiertas, la cabeza inclinada cual estatua milenaria; el joven de cabellera negra y piel cobriza, erguido también orgulloso con sus ojos carmesí y por primera vez fulgurantes y encendidos. De pronto, gritó-Padre! Tú eres mi padre, gran dragón!- No!-Rujió el dios-Cómo te atreves humano!- Se hablaban en diferentes lenguas pero se entendían porque estaban conectadas sus almas. –Gran dragón, poderoso como el fuego! Tú eres mi padre, acaso no lo sientes como lo hago yo. Acaso no has visto mi alma como yo la tuya.- dijo el muchacho en una voz de trueno, increíble para su contextura pequeña aunque fuerte-
-No te atrevas a repetirlo humano o te destrozaré!-Gruñó el dragón, con menor intensidad que antes.-yo soy un dios, no me empariento con humanos.-
-Yo soy tu hijo, no tengo padre humano, mi madre me dijo que soy hijo del fuego.-dijo el muchacho en un tono cada vez más apabullante y cada vez más similar al de un verdadero dragón-Fui concebido cuando el fuego entró en el cuerpo de mi madre en una noche de cielo rojo, de un color carmesí como el tuyo, gran dragón!-
El dragón rió, si a un gruñido tan horrible como aquel, se puede llamar risa y dijo:-Hijo del fuego que bajó del cielo en una noche carmesí! Tú madre que tipo de humana es? Como puede sentir y absorber mi esencia divina, mi sangre. Cómo se atreve a robarse mi alma, la que perdí en la Gran Batalla!-
El muchacho perdió por un momento el fuego centellante de sus ojos, pero este volvió a encenderse y arder enseguida y gritó: -Qué dices dragón? Que yo fui un error, un azar del destino.- El muchacho entonces comenzó a cambiar-No puede ser! No he buscado tanto para ésta respuesta. NO!-

Algo increíble comenzó a pasar entonces, el muchacho de cabellera negra se llenó de un fuego oscuro y extraño y sus ojos se incendiaron hasta hacerse iguales a los del dragón rubí. Lanzó un grito que se convirtió en gruñido bestial, y dos alas negras como la noche más oscura salieron de su espalda, mientras todo su cuerpo humano desaparecía y trasmutaba en un poderoso dragón azabache y de formas infernales.

Entonces, el dragón rubí entendió, su enemigo el dragón negro no había sido vencido totalmente en la Gran Batalla. Su odio había perdurado a través de la sangre de la herida infringida por su temible garra. En esa sangre, su propia sangre, el dragón negro al verse perdido había puesto todo su rencor, que combinada con la sustancia del dragón rubí su enemigo, habían de dar vida a un nuevo Némesis, que tomaría venganza, porque era todo odio y nada más.

Continuará…

Relato de una muerte. abril 2, 2006

Posted by pegasussudaka in Cuentos, dark, poesía.
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Cuando alguien está sufriendo, cuando ese alguien siente que no es nada, y sobre todo cuando ese alguien ya no quiere vivir. Como una llama pequeña que se va apagando poco a poco, como una planta raquítica y débil que muere bajo un cruel sol; como un día que muere al llegar la oscuridad. Cada segundo que pasa es una tortura, cada lugar al que va es un infierno, cada instante de su propia existencia en un castigo. Pero sigue caminando, nunca para sino para llorar, nunca llora por mucho tiempo sino cuando ya es insoportable su soledad. Y camina siempre hacia el mar, un abismo que se lo comerá.
Y morirá sí, como todos los desgraciados de este viaje sin fin, en el que todo queremos, todo deseamos y al final nada puede ser apreciado, nada puede ser atesorado ni guardado; sólo sombras y recuerdos vanos, que habitan en tu menguante memoria, y que te engañan mostrándote felicidad. Oh espejismo maldito, que nos haces caminar más sin necesidad, inalcanzable e irreal sólo sirves para que el dolor sea cada vez más natural. Estarás mientras no caigas fulminado, y ese día no sabes cuándo llegará, bienaventurado tú, que la muerte no puedes observar, porque si lo haces que demonio tan horrible es, en una superficie de beldad perfecta y de fortaleza infinita oculta un interior asqueroso y podrido, que está listo para engullir tu ser, para desaparecerlo para siempre de la tierra y con su aliado el tiempo te borrará finalmente de toda mente y corazón, completando su labor de limpieza. Y llegó el fin.

Prólogo, Tragedia y Conclusión de un alma destruída. diciembre 17, 2005

Posted by pegasussudaka in Cuentos, dark.
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Prólogo vital.
El fuego es lo único que doblega al hierro; que más que las intensas brasas del sufrimiento humano para acrisolar un alma sin sentimientos y volverla de la forma en que el herrero quiere darle. Ese herrero llamado mundo, que en su cruel realidad va esculpiendo tu forma para que calces perfectamente en el lugar que te toca ocupar. Todo el camino está marcado, los tropiezos son sólo retrasos y no desvíos; todos los caminos conducen al mismo lugar.

Tragedia y conclusión.
-Tienes que ser y no puedes querer ser; y si quieres te demostraremos que no puedes. –Yo soy…-Tú, un individuo?, nunca más, no se necesitan espíritus ahora, sólo queremos tu mente y tu brazo para que trabajes, para que produzcas, para que nos alimentes con tu existencia. -Y Yo? Yo quiero existir!-Para qué quieres eso, si es suficiente con que vivas.-Vivir no es lo mismo que existir, yo quiero, yo siento, yo soy, yo no sólo respiro y me muevo.-Y para qué quieres, si no está a tu alcance; para qué sientes, si no tienes control; para qué eres si no importas.-Si no me dejan existir entonces para qué quiero vivir.-Porque tienes que vivir, no tienes opción.-Yo no tengo opción… De todas maneras vivir así es como estar muerto y lo que quiero es morir.-Así es, nosotros queremos lo que tu quieres, que estés muerto pero que vivas para nosotros.-Yo no soy.-Si, pero eres nuestro.

Fuego, lágrimas y vida. agosto 16, 2005

Posted by pegasussudaka in amor, Cuentos, dark, ensayos, filosofía, tristeza.
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Un millón de lágrimas lloré y ya no me quedan más. ¿Sabes lo que es que tu corazón muera desangrado? Que tu alma se escape por una herida incurable, poco a poco pero sin nunca parar.
Yo lo sé, porque me partieron el corazón tan pero tan fuertemente que ya no hay nada de alma en él
Llorar tanto que ya no te queden lágrimas, sufrir tanto que ya puedes sufrir… Amar tanto que luego de que te arrancan tu ilusión se despedaza todo tu ser. Y que queda, que es lo que todavía se mantiene en pie? Nada, sólo quedan superficies frágiles que cubren un corazón muerto y congelado.
Tanto viento que aquel árbol tiene ya una sóla hoja y raquíticamente se mantiene unido al suelo y a la vida.
Cenizas alrrededor, ramas quebradizas y la única hoja aunque todavía verde está por caer.
¿y qué cuando caiga? Sería mejor? Alguien le importaría? Tal vez el fuego sería la única forma digna de desaparecer, en vez de ser tumbado por el viento. Porque si hay una hoja todavía hay vida y si hay vida hay una oportunidad más. El árbol está raquítico pero existe. El árbol tiene ramas quebradizas y raíces débiles pero todavía está pegado al suelo y no lo derriba el viento.
Mientras esté en pie siempre tendrá una hoja, pero si sus raíces no encuentran pronto el agua terminará por secarse y ya no será más que un fantasma.
El problema es que el arbol soy yo_

El Abismo y Yo. julio 28, 2005

Posted by pegasussudaka in Cuentos, dark, filosofía, religión.
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El Abismo y Yo.
Todos avanzando inexorablemente, algunos caminando, otros corriendo, también arrastrándose; pero todos sin excepción avanzando. Algunos acompañados, otros solitarios. Algunos felices y otros desgraciados. Pero todos avanzando hacia el abismo. ¿Y porque no paran? Porque no pueden… Están ciegos, están sordos, y nacieron para caminar.
Entre ellos estoy yo, pero a pesar de haber nacido igual me dieron un regalo, que no se si es más bien un castigo. ¡Puedo ver!

Sí, veo, y lo que captura mi atención y mi mente, mi todo es ese abismo, terrible, infinito, inevitable porque yo tampoco puedo dejar de caminar. Y todos van hacia allá, y grito y les digo que traten de parar o al menos que en su caminar hagan algo más que sólo avanzar. Pero nadie me oye, algunos me gritan loco, me dicen que el abismo que yo veo no existe, me dicen que no puedo ver, me dicen que el camino nunca acabará.

Todos me dicen eso, pero están ciegos.

Algunos en su oscuridad, hablan de un protector, que evitará que caigan en el camino y más aún, que velará para que el camino los lleve a la felicidad. Y me dicen que él está en todo, pero yo no veo nada. Ellos dicen que no tengo que verlo, pero que él me ve, y yo pienso… si él me ve porqué no ve el abismo y les advierte de él.

A veces, para calmar mi desesperación, y mi soledad, causadas por mi don de ver el abismo; cierro los ojos y pretendo y a veces, llego a creer, que en realidad no puedo ver, que el abismo no existe y que el protector me salvará.

Pero no puedo hacerlo por mucho tiempo, porque cuando ves no quieres dejar de hacerlo.

Nada puedo hacer, más que caminar junto a mis desgraciados iguales hacia el terrible abismo. Pero decidí que si voy allá he de disfrutar siquiera el viaje. Y por esto, ya no veré sólo al abismo sino a al cielo, no me perderé ningún amanecer y atardecer, no pisaré ninguna flor y asimilaré sus aromas, y lo más importante, trataré de caminar junto a alguien para que cuando caiga, siquiera alguien sepa que existí.

¡No cerraré los ojos al caer!

Locura? mayo 10, 2005

Posted by pegasussudaka in Cuentos, dark, ensayos, filosofía, nostalgia, poesía, testimonio, tristeza.
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Cuantos días, cuántas horas, cuánto tiempo se va, como sombras bailando detrás de una mano que escribe; así somos nosotros. Débiles, pequeños, sumidos en un remolino carnívoro que sumerge en su oscura vorágine todos nuestros sueños. Los segundos, como pasan, no hay tiempo para mirar atrás; corro y corro pero el tiempo me absorbe, me vence, me destruye, me despedaza. Poco a poco, mi encarnado yo se va pudriendo, ¿y qué puedo hacer?, nada… Nada, suena en mis oídos, como un lejano y arcano murmullo, alguien o algo me dice a lo lejos que no oigo nada, me convence, me repite, estás solo, estas solo, por siempre, para siempre. Nada oigo. Tengo miedo de cerrar los ojos, veo muchas cosas terribles, caras, ojos, monstruos, tentáculos, luces, cabello viviente hecho de metal, brazos retorcidos que se mueven frenéticamente en un balanceo elástico, veo sumergirse a una criatura con cabeza de medusa, en un lago de sangre, ahí va ella moviéndose mientras retumba en mi cerebro un sonido de tambores lento y fuerte, casi como un lentísimo sonido de un latido de corazón; oigo un puertazo, y vuelvo a la realidad, pero esta me desespera, pues cada momento que escribo, me doy cuenta de la futilidad de cada uno de mis esfuerzos, voluntades, deseos, acciones. Siento que un miedo me paraliza, me detiene, trato de agarrarme de lo que pueda para no ser arrastrado por el huracán de la vida. Me detengo pero cada momento el viento feroz arranca una parte de mí. Silencio, mental y real, descanso por un momento, y me pongo en blanco, sólo para ser bombardeado y alienado de nuevo con sensaciones terribles, ahora son burbujas invisibles en los ojos, junto a un deseo de sumergirme completamente en el delirio, para olvidarlo o enfrentarlo. Pero los rugidos de la ciudad me vuelven en sí, mientras un palpitar afecta la parte superior derecha de mi cabeza, y mi brazo comienza a molestar, oigo un auto y al mimo tiempo viene el final, el sentimiento de deshago y también de furia por estar vacío de nuevo. Así, todo comienza, de nuevo vuelvo al delirio, por el cual sufro, y vuelvo a comprender la realidad y el tiempo como lo que más temo, no tengo a dónde ir, sólo la inconciencia ayudaría. Ya no sé, no sé nada, sólo déjenme descansar./

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