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La primera gran batalla (3). La noche más roja que la sangre. abril 23, 2006

Posted by pegasussudaka in épicos, Cuentos.
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Toda la tierra tembló ese día; del gran valle de Exequitera, partían, en aquella noche roja como la sangre, una horda de demonios voladores, que con sus gigantescas alas negras, que como una gran nube de muerte avanzaban haciendo un ruido ensordecedor. -GAIA, ixrokpekter icxsi! GAIA, ixrokpekter ICXSI! GAIA, IXROKPEKTER ICXSI!-
Los dragones cantaban en una voz unida y aterradora. –GAIA, LIBÉRANOS O MUERE!- El gran dragón blanco era el primero y el más grande, y con sus ojos diabólicos gritaba más alto que todos.
Gaia, era el alma de la tierra, nació en el momento en que nació la vida; Gaia no era eterna ni inmortal, pero era poderosa. Su poder era grandioso, tenía dominio sobre todas las cosas, todos los seres vivientes y todas las leyes. Pero no tenía dominio sobre su propio destino, sobre le destino del mundo. Gaia, era jueza y ejecutora; y había confinado a los dragones negros al valle Exequitera, por sus crímenes, eran los únicos dragones que asesinaban otros dragones. No era amorfa; había nacido como alma, pero el verdadero Dios sintió envidia por sus grandes facultades, y le dio forma física para hacerla mortal. Era un alma atrapada en un cuerpo.

La gran dragón Gaia, azul de brillante metal celestial; su cuerpo gigante y de proporciones divinas, era sólo fuerza y grandeza. Ella voló desde su refugió, un nido de diamante y plata, en el volcán de todos los inicios, el místico Grenexenis, y se dirigió hacia el valle de la muerte. Era hora de ajusticiar al dragón rebelde Barok, y lo debía hacer ejemplarmente.

En los límites del gran valle Exequitera, sobre el río Damoxscels; los colosales contrincantes se encontraron. La nube de la muerte liderada por el dragón blanco Barok; y Gaia, alma de la tierra.
-BAROK, regresa a tus dominios! Más allá eres mío; y yo ejecutaré la ley, mi ley. Morirás y los tuyos seguirán tu suerte.-dijo Gaia en su voz imponente pero armoniosa.
-Moriré? Esta noche habrá muchas muertes, sí… Pero no seré yo, te lo aseguro!-Dijo desafiante Barok.
-No sabes lo que dices, yo soy un Dios; pero no importa pues veo que has decidido morir.-rugió Gaia, ahora más incisiva y firme.

En ese momento el dragón blanco desplegó aún más sus alas y como una saeta se lanzó con el grito de guerra más violento jamás oído; y la luna azul por un momento pareció palidecer. Los dragones negros al mismo tiempo rugieron y bramaron tan fuerte que la tierra volvió a temblar. Gaia se estremeció, pero ella era una deidad, y atacó sin vacilar. Lanzó una llamarada de fuego tan fuerte como la espada del propio y verdadero Dios; y entre gritos lastimeros la nube se diezmo; y en este infierno etéreo los dragones negros caían como insectos fulminados. Pero el grito de guerra no disminuía en intensidad, los dragones aunque menos ahora, luchaban encarnizadamente. De la nube negra salía una gran llama oscura como la misma esencia de la muerte y el dragón blanco, orgulloso y prepotente al frente, volando cada vez más rápido hacia el corazón de Gaia, un gran rubí que estaba debajo de su cuerpo. Gaia, mientras tanto, con movimientos de serpiente, se movía ágilmente en el cielo y con sus garras y colmillos hechos de diamante, lograba librarse de las hordas de dragones negros que la atacaban. Asesinado a cientos de ellos.

Pero su cuerpo era eso, sólo un cuerpo, aunque fuere fuerte y poderoso se cansaba, se fatigaba; y las oleadas incesantes de dragones negros mermaban su fuerza. Gaia estaba extenuada; cuando sintió en su pecho un golpe que le hizo sentir lo que es dolor por primera vez en su longeva existencia. Barok tal flecha maligna se había lanzado, usando su duro cráneo hacia el centro del rubí que era el corazón de Gaia, destrozándolo.

Aquella noche más roja que la misma sangre avanzaba, y una sensación de que un terrible suceso ocurriría se esparció por toda la tierra. Todos los dragones, miraron al cielo en busca de algo, de algun signol, que les permita descifrar las escabrosas señales; no vieron nada; mas pudieron oír. A lo lejos un agudísimo y terrible quejido, tal daga fatal, desgarró los corazones de los dragones. Gaia había muerto.

Comentarios»

1. Anonymous - julio 13, 2006

Escribes muy bien! Las fotos también me gustan ¿dónde las sacas?

2. Pegasus_sudaka - julio 13, 2006

de google como todo en esta vida por internet. gracias, ya llego a vacaciones y voy a escribir más partes de este cuento.


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